LA ENTRADA MISTERIOSA
Y aquella luz permanecia tenue, como un candil sediento de aceite, la suave brisa obligaba a su llama a moverse nerviosa, febril, azogada e impaciente, en la entrada de aquel agujero en el suelo de donde provenían aquellos extraños y misteriosos lamentos.
Al acercarnos enmudecieron, nos miramos con ojos temerosos a la vez que curiosos, por descubrir algo de lo que los lugareños siempre esquivaban hablar.
Dicen que quien entra en ese agujero jamás regresa. Hasta los reptiles
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