Antes de irme a casa, entré por última vez en la habitación 312.
La señora Carmen dormía. O fingía dormir. Llevaba semanas ingresada y ya casi no recibía visitas. Sobre la mesita seguía el ramo de flores marchitas que alguien le llevó hacía días. Nadie volvió.
Le acomodé la manta, apagué la luz del baño y me dispuse a salir cuando escuché su voz, apenas un susurro.
— ¿Mañana trabajas?
Le dije que sí.
Entonces abrió los ojos y me preguntó:
— ¿Podrías volver a peinarme como hoy? Me gusta cuando ... (ver texto completo)
La señora Carmen dormía. O fingía dormir. Llevaba semanas ingresada y ya casi no recibía visitas. Sobre la mesita seguía el ramo de flores marchitas que alguien le llevó hacía días. Nadie volvió.
Le acomodé la manta, apagué la luz del baño y me dispuse a salir cuando escuché su voz, apenas un susurro.
— ¿Mañana trabajas?
Le dije que sí.
Entonces abrió los ojos y me preguntó:
— ¿Podrías volver a peinarme como hoy? Me gusta cuando ... (ver texto completo)
