Era mi primera semana como gerente del prestigioso Hotel Palacio. Quería que todo fuera perfecto. El piano de cola en el vestíbulo era una pieza decorativa, nadie lo tocaba. Hasta que entró él. Un hombre mayor, con la ropa sucia, barba descuidada y olor a calle. Se sentó al piano con confianza. Corrí hacia él desde la recepción. —" ¡Oiga! ¡Salga de aquí inmediatamente!", le grité, chasqueando los dedos para llamar a seguridad. " ¡Esto no es un albergue! ¡Está ensuciando el instrumento!". El hombre ... (ver texto completo)
