PEDRO MARTINEZ (Granada)

El humedal de la fuentecilla
Foto enviada por sensi

Que tu Felicidad no dependa:
Del Tiempo porque cambia.
Ni del Dinero porque se acaba.
Ni de las Emociones porque te traicionan.
Ni de las Personas porque somos imperfectos.
Buenos días foreros. as... ¡Feliz domingo!
Elegir con quien hablar es importante, entender con quien estar callado, mucho más.
Hay personas a las que la fortuna no les procura más que miedo de perderla.
Podemos tenerlo todo y llenarlo de nada o no tener nada y poder llenarlo de todo. Eso es lo que hace la diferencia en la vida.
Todos los niños tienen un talento; solo hay que saber abrir la puerta para que lo saquen.
A menudo las palabras engañan, mientras que los silencios sólo cuentan verdades.
Buenas noches Antonia, feliz descanso. un abrazo.
La vida te da 24 horas de posibilidades, ¿que harás con ellas hoy?
Era invierno en Madrid, de esos inviernos que calan los huesos. Yo volvía del trabajo cansado, arrastrando los pies por la estación de Atocha. Entre el bullicio vi a un hombre sentado en un rincón, cubierto apenas con una manta rota. Tendría poco más de cincuenta años, pero la calle lo había envejecido. Me llamó la atención que tiritaba sin parar.
Seguí de largo. Mi cabeza murmuraba: “No puedes ayudar a todos, ya tienes bastante con lo tuyo”. Pero al dar dos pasos más recordé que en mi mochila llevaba ... (ver texto completo)
Sensi me gusta esta historia tan bonita y triste a la vez, pues no he podido evitas emocionarme porque me ha dado mucha pena, pues soi muy sensible, y me he acodado de una de las tantas veces de las que mi marido ha echo ese gesto, pues hera muy parecida a esta. no te puedes imaginar las veces que haayudado a personas que lo necesitaban y los ha traido a casa y medecia ponle que coma y preparale un colchon que pueda descansar, y le buscaba trabajo, pues hera una persona con un nivel de sensibilidad ... (ver texto completo)
Hasta mañana Sensi, que pases una feliz noche un abrazo.
Era invierno en Madrid, de esos inviernos que calan los huesos. Yo volvía del trabajo cansado, arrastrando los pies por la estación de Atocha. Entre el bullicio vi a un hombre sentado en un rincón, cubierto apenas con una manta rota. Tendría poco más de cincuenta años, pero la calle lo había envejecido. Me llamó la atención que tiritaba sin parar.
Seguí de largo. Mi cabeza murmuraba: “No puedes ayudar a todos, ya tienes bastante con lo tuyo”. Pero al dar dos pasos más recordé que en mi mochila llevaba ... (ver texto completo)