En 1885, el Convento de Santa Rosa de Viterbo era un laberinto de fe y silencio. Pero tras sus pesadas puertas de madera, vivía un perro llamado 'Fray', que conocía el horario de las oraciones mejor que las propias monjas y cuya vigilancia evitó un robo que habría cambiado la historia del arte en México.
"Fray" era un perro San Bernardo, enorme y de pelaje espeso, que había sido donado al convento cuando era apenas un cachorro. Las monjas de clausura, que tenían prohibido el contacto con el mundo ... (ver texto completo)
"Fray" era un perro San Bernardo, enorme y de pelaje espeso, que había sido donado al convento cuando era apenas un cachorro. Las monjas de clausura, que tenían prohibido el contacto con el mundo ... (ver texto completo)
