En el condado de Inverness, donde las vías del tren se pierden entre colinas de brezo y el cielo tiene el color del peltre, existe una parada que los mapas ferroviarios olvidaron hace décadas: Gleann Sàmhach. No hay máquinas de billetes, ni pantallas digitales, ni megafonía. Solo el aroma a turba húmeda y el sonido del viento filtrándose por las grietas de la mampostería victoriana.
Tomás no es un jefe de estación, es un custodio de la pausa. Él entiende que la gente no llega allí buscando transporte, ... (ver texto completo)
Tomás no es un jefe de estación, es un custodio de la pausa. Él entiende que la gente no llega allí buscando transporte, ... (ver texto completo)
