Lo que vi me revolvió el alma.
Mi hijo estaba en el suelo.
De rodillas.
Con la cara pegada al comedero del perro… bebiendo agua.
No jugando.
No riéndose.
En serio.
Sentí un golpe en el pecho.
— ¡ROBERTO! ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO? —grité tan fuerte que hasta yo misma me asusté.
Se volteó despacio… y me ladró. ... (ver texto completo)
Mi hijo estaba en el suelo.
De rodillas.
Con la cara pegada al comedero del perro… bebiendo agua.
No jugando.
No riéndose.
En serio.
Sentí un golpe en el pecho.
— ¡ROBERTO! ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO? —grité tan fuerte que hasta yo misma me asusté.
Se volteó despacio… y me ladró. ... (ver texto completo)
