Fue en un atardecer que el hombre empezó a caminar por la parte más alejada de la aldea, juntando piedras del mismo tamaño. Las apilaba con esmero hasta formar un pirámide. Cuando comenzaba a asomar la luna en el cielo, se exaltaba con alegría, movía sus brazos como molinos en forma rítmica, respiraba profunfo, parecía estar preparándose para algo muy especial. Así una a una fue arrojando sus piedras contra la luna, lo hacía con una fuerza de asombro, y la dirección era correcta, pero naturalmente ... (ver texto completo)
