Hay personas que crecimos creyendo que el amor había que ganarlo, que la atención se merecía y que solo seríamos queridos si éramos útiles, fuertes, discretos y siempre disponibles. Nos enseñaron a no molestar, a no pedir ayuda, a no hacer ruido, a no ocupar espacio, y terminamos convirtiéndonos en adultos que dan demasiado y reciben muy poco, que dicen “estoy bien” aunque estén rotos, que sienten culpa por descansar y miedo a que los demás se alejen si alguna vez dejan de ser suficientes. Pero la
... (ver texto completo)