Así pasaron dos semanas y cierta tarde el niño comenzó a hablarle a su compañero, miraba a través de la
ventana y le compartía lo que, veía un
cielo que a esa hora se volvía de mil
colores dando aviso que el día terminaba y la
noche empezaba, un
parque donde los niños se retiraban de la mano de sus abuelos o padres para dar paso a los jóvenes enamorados, el hombre lo escuchaba admirado, quería ver gente y se había puesto en la
puerta para eso, para ver aunque sea cada dos horas a alguien caminar
... (ver texto completo)