1916, Buenos Aires: Isadora.
Descalza, desnuda, apenas envuelta en la
Bandera Argentina, Isadora
Duncan baila el Himno Nacional.
Una
noche comete esa osadía, en un café de estudiantes de Buenos
Aires y a la mañana siguiente todo el mundo lo sabe: el empresario
rompe el contrato, las buenas
familias devuelven sus entradas al
Teatro
Colon y la prensa exige la expulsión inmediata de esta pecadora
norteamericana que ha venido a la Argentina a mancillar los símbolos patrios.
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