EL CEMENTERIO: Era una mañana de agosto, un poco antes de las nueve, salí de casa solo, atravesé el puente, subí por la calle de los Mojuelos, estuve contemplando, lo crecido del pueblo, granjas y casas sin orden en lo urbano, con aquel polvo blanco que tinta las sandalias, crucé hacia el cementerio, sólo encontré un granjero y un coche que bajaba de la Balsa Grande. Me dirigí a la puerta deshaté una cuerda, abrí la puerta y la volví a entornar. Ya estamos en el silencio... Andando... Como diría ... (ver texto completo)