Para qué necesito libros si ya tengo oro...?
En Bagdad, cuando la ciudad era el corazón del conocimiento, vivía un joven llamado Farid, hijo de un próspero mercader.
Tenía todo lo que muchos deseaban: riqueza, contactos, comodidad.
Pero despreciaba el estudio.
Mientras otros jóvenes acudían a la Casa de la Sabiduría a aprender matemáticas, filosofía y estrategia, él decía:
—“ ¿Para qué necesito libros si ya tengo oro?”
Los años pasaron. Su padre murió. Farid heredó el negocio.
Y comenzó a perderlo.
Firmaba contratos que no entendía.
Confiaba en palabras sin analizar intenciones.
Invertía sin calcular riesgos.
Cuando quiso reaccionar, ya era tarde.
Desesperado, buscó consejo en un anciano erudito que le dijo:
—“Tu estómago te avisa cuando no comes.
Tu mente no.
Y cuando te das cuenta de que estaba vacía… ya has pagado el precio.”
Esa frase lo golpeó más fuerte que la ruina.
Farid vendió lo poco que quedaba y se dedicó a aprender.
Estudió comercio, lógica, historia, estrategia.
Se rodeó de hombres más sabios que él.
Entrenó su juicio.
Años después, reconstruyó su fortuna.
Pero lo más importante: reconstruyó su criterio.
???? Reflexión final:
La ignorancia no duele al principio.
Se siente cómoda.
Se siente suficiente.
Hasta que la vida te exige decisiones grandes.
Alimenta tu mente antes de que la vida te pida respuestas.
Lee. Piensa. Cuestiónate. Evoluciona.
???? Si estás listo para dejar de improvisar tu vida y empezar a construirla con conciencia, descarga ahora “El despertar de tu mejor versión” y comienza a entrenar tu mente desde hoy.
????Encuentralo en los comentarios
En Bagdad, cuando la ciudad era el corazón del conocimiento, vivía un joven llamado Farid, hijo de un próspero mercader.
Tenía todo lo que muchos deseaban: riqueza, contactos, comodidad.
Pero despreciaba el estudio.
Mientras otros jóvenes acudían a la Casa de la Sabiduría a aprender matemáticas, filosofía y estrategia, él decía:
—“ ¿Para qué necesito libros si ya tengo oro?”
Los años pasaron. Su padre murió. Farid heredó el negocio.
Y comenzó a perderlo.
Firmaba contratos que no entendía.
Confiaba en palabras sin analizar intenciones.
Invertía sin calcular riesgos.
Cuando quiso reaccionar, ya era tarde.
Desesperado, buscó consejo en un anciano erudito que le dijo:
—“Tu estómago te avisa cuando no comes.
Tu mente no.
Y cuando te das cuenta de que estaba vacía… ya has pagado el precio.”
Esa frase lo golpeó más fuerte que la ruina.
Farid vendió lo poco que quedaba y se dedicó a aprender.
Estudió comercio, lógica, historia, estrategia.
Se rodeó de hombres más sabios que él.
Entrenó su juicio.
Años después, reconstruyó su fortuna.
Pero lo más importante: reconstruyó su criterio.
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La ignorancia no duele al principio.
Se siente cómoda.
Se siente suficiente.
Hasta que la vida te exige decisiones grandes.
Alimenta tu mente antes de que la vida te pida respuestas.
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