Tras las primeras lluvias del otoño, se empezaban a labrar las tierras para la siembra, numerosas yuntas de mulos compartian varias besanas y se afanaban en arar los campos, la tierra blanda por las lluvias facilitaba esta labor, una vez arado, se pasaba la grada y quedaba lista para la siembra. Ufila de labradores, caragados con los costales, avanzaban en linea, sembrando a mano, el trigo y la cebada, confiando en que el tiempo acompañara, para que su trabajo tuviese recompensa. Es el comienzo de ... (ver texto completo)