Serafín navas “el_por”
Resulta tremendo comprobar la decadencia del humor en España.Un país que ha dado a Gila o a Tip y Coll debería estar produciendo risas profesionales a manta y, sin embargo, desde hace más de una década, ningún gran humorista ha saltado a la palestra. El ecosistema lúdico está poblado por actores que recitan monólogos más rancios que un chusco cuartelero, y por legiones de imitadores que cloquean patéticamente día y noche.
La imitación es, sin duda, el escalón más bajo del humor: necesita siempre de un referente para desatar la risa. Es una carcajada con fecha de caducidad que explota el lado más infantil y zafio de la naturaleza humana. Carlos Latre, la marioneta bufa de Crónicas Marcianas, sólo es un botarate grotesco, epítome de la estupidez generalizada que reina en las televisiones, ese reino de las fotocopias de copias y de plagios de bazofia, programas que son retales de retales y saldos de liquidación en rebajas.
Lo últimos genios del humor que ha dado este país son Faemino y Cansado -versión española y surrealista de los Monty Python reducida a dos tomos- y Chiquito de la Calzada, inventor del chiste faulkneriano, el chiste gongorino que consiste en una tontería completa que, al contarse de una manera compleja, introduciendo giros, elipsis, repeticiones y palabras inventadas, se transforma en un artilugio idiomático digno de un retablo barroco o de un estudio académico. Pero Faemino y Cansado, y Chiquito, parecen relegados a las salas de fiesta y sólo derraman su talento por televisión muy de cuando en cuando.
Me temo que la decadencia del humor en España tiene mucho que ver con el auge de los payasos en la política. Este intrusismo laboral debería haberse denunciado cuando empezó (los modismos de Alfonso Guerra anunciaban ya el fistro de Chiquito), pero ahora ya es demasiado tarde. El verdadero Trillo es mucho más gracioso que el plasta de Latre maquillado hasta las uñas e imitando a Trillo. Los patinazos de Caldera son ya clásicos del humor, sólo comparables al gracejo de Rajoy explicando lo de los hilillos.
Probablemente, una de las bazas ocultas de Aznar y Zapatero (dos tipos exiliados del carisma de por vida) sea su filiación tragicómica.Es cierto que Zapatero parece Mr. Bean, pero su discurso inane y sus mensajes subliminales están más cerca de Forrest Gump.Y aunque el primer Aznar parecía un actor de cine mudo -una audaz combinación entre el bigote de Charlot y el estoicismo abstruso de Buster Keaton-, sus últimos numeritos en inglés macarrónico grijander han demostrado que él es el verdadero sucesor de Chiquito de la Calzada.
Es cierto que el penúltimo éxito de la política española fue un homenaje a Gila en Perejil, pero ahora Zapatero y Aznar pueden hacer historia con teléfono incluido. Si se juntaran para hablar con Bush en plan dúo cómico desnivelado (no como Tip y Coll, que eran demasiado inteligentes, sino como Abott y Costello) probablemente ni Gila los supera.
Resulta tremendo comprobar la decadencia del humor en España.Un país que ha dado a Gila o a Tip y Coll debería estar produciendo risas profesionales a manta y, sin embargo, desde hace más de una década, ningún gran humorista ha saltado a la palestra. El ecosistema lúdico está poblado por actores que recitan monólogos más rancios que un chusco cuartelero, y por legiones de imitadores que cloquean patéticamente día y noche.
La imitación es, sin duda, el escalón más bajo del humor: necesita siempre de un referente para desatar la risa. Es una carcajada con fecha de caducidad que explota el lado más infantil y zafio de la naturaleza humana. Carlos Latre, la marioneta bufa de Crónicas Marcianas, sólo es un botarate grotesco, epítome de la estupidez generalizada que reina en las televisiones, ese reino de las fotocopias de copias y de plagios de bazofia, programas que son retales de retales y saldos de liquidación en rebajas.
Lo últimos genios del humor que ha dado este país son Faemino y Cansado -versión española y surrealista de los Monty Python reducida a dos tomos- y Chiquito de la Calzada, inventor del chiste faulkneriano, el chiste gongorino que consiste en una tontería completa que, al contarse de una manera compleja, introduciendo giros, elipsis, repeticiones y palabras inventadas, se transforma en un artilugio idiomático digno de un retablo barroco o de un estudio académico. Pero Faemino y Cansado, y Chiquito, parecen relegados a las salas de fiesta y sólo derraman su talento por televisión muy de cuando en cuando.
Me temo que la decadencia del humor en España tiene mucho que ver con el auge de los payasos en la política. Este intrusismo laboral debería haberse denunciado cuando empezó (los modismos de Alfonso Guerra anunciaban ya el fistro de Chiquito), pero ahora ya es demasiado tarde. El verdadero Trillo es mucho más gracioso que el plasta de Latre maquillado hasta las uñas e imitando a Trillo. Los patinazos de Caldera son ya clásicos del humor, sólo comparables al gracejo de Rajoy explicando lo de los hilillos.
Probablemente, una de las bazas ocultas de Aznar y Zapatero (dos tipos exiliados del carisma de por vida) sea su filiación tragicómica.Es cierto que Zapatero parece Mr. Bean, pero su discurso inane y sus mensajes subliminales están más cerca de Forrest Gump.Y aunque el primer Aznar parecía un actor de cine mudo -una audaz combinación entre el bigote de Charlot y el estoicismo abstruso de Buster Keaton-, sus últimos numeritos en inglés macarrónico grijander han demostrado que él es el verdadero sucesor de Chiquito de la Calzada.
Es cierto que el penúltimo éxito de la política española fue un homenaje a Gila en Perejil, pero ahora Zapatero y Aznar pueden hacer historia con teléfono incluido. Si se juntaran para hablar con Bush en plan dúo cómico desnivelado (no como Tip y Coll, que eran demasiado inteligentes, sino como Abott y Costello) probablemente ni Gila los supera.