EL RÍO QUE NO SE DEJA ATRAPAR
En el pueblo de Minato, el río era a la vez bendición y amenaza. Sus aguas regaban los campos, pero cada primavera, cuando la nieve de las montañas se derretía, el cauce crecía con furia y destruía los cultivos cercanos.
Un año, tras una crecida especialmente fuerte, los aldeanos se reunieron en la plaza. Estaban cansados de perderlo todo. Un campesino llamado Riku golpeó la mesa y dijo:
— ¡Construyamos muros más altos! ¡Encadenemos al río para que no vuelva a salirse!
Muchos ... (ver texto completo)
En el pueblo de Minato, el río era a la vez bendición y amenaza. Sus aguas regaban los campos, pero cada primavera, cuando la nieve de las montañas se derretía, el cauce crecía con furia y destruía los cultivos cercanos.
Un año, tras una crecida especialmente fuerte, los aldeanos se reunieron en la plaza. Estaban cansados de perderlo todo. Un campesino llamado Riku golpeó la mesa y dijo:
— ¡Construyamos muros más altos! ¡Encadenemos al río para que no vuelva a salirse!
Muchos ... (ver texto completo)