En el cortijo se vivía bien, aunque de manera primitiva y artesana, y con un trasfondo de fatalidad, como buenos andaluces, pesando mucho las horas y los días, al no haber un mañana definido. Por la noche, al calor de la chimenea, la familia hablaba poco, abismándose en sus preocupaciones, alternando esto, con ratos de alboroto y "humor cordobés", sobre todo cuándo venían los novios a ver a las titas. Dada mi corta edad, me protegían de aquellas ingratitudes, sobre todo los abuelos, con una cascara ... (ver texto completo)
Las imágenes de aquellos tiempos en el cortijo, han vivido y viven en el espíritu de los que allí estuvimos, distendiéndolo y dándole sentido a las vivencias y avatares de aquel lugar, desde mis tíos trabajando en la era, en plena trilla del grano, en los tórridos Agostos, hasta aquellas cosas muy hermosas, que alegraban los días, montes, nubes, ríos, árboles, animales, tormentas, amaneceres, anocheceres... Es como un fulgor vivo, que, creo, arde en nosotros, una lejanía resplandeciente en el tiempo, ... (ver texto completo)