Carmen Román Artillo, de Montefrío a Iznalloz.
No se por que estas obcecado Cerroballesteros en contra de Paco. Si te ha hecho algo tratalo con él. No te das cuenta, que a cada palabra tuya, lo haces mas grande, además pareces un niño enfadado por que te han quitado el bocadillo en el patio de la escuela. Tus palabras no esconden nada mas que odio, envidia y celos contra este hombre, el mismo que puso a Iznalloz en la pompa, y dejó el pueblo lleno de proyectos, obras y cultura. Dicen que el pueblo es sabio y no se equivoca, aunque aqui creo que ... (ver texto completo)
Monachita, jeje gracias por la puntualizacion por eso que tengo derecho lo ejerzo. Lo siento pero me jure a mi mismo que mientra ese hombre estuviera en activo en el partio, no asomaba por alli a dar un recao.
Por cierto aun no ha contestao el tampoco, a las preguntas que yo le tengo formuladas. ¿se las repito?
Este se dedica ahora a ponernos fragmentos que corta y copia de otras paginas de internet sobre el comunismo y el Che. Que patético. Lo que yo decía.
Los hombres, no los individuos

Miguel Ángel Pérez Pirela
Rebelión

Heredamos países pobres, torturados, desaparecidos. Heredamos países cansados, Estados ineficientes, corruptos, desenraizados de las bases populares. Pero también heredamos pueblos cristalizados en Caracazos; en madres y abuelas, como las de La Plaza de mayo; en hombres, como el Che.

Ese Che que relató "conocí (a Fidel Castro) en una de esas frías noches de México y recuerdo que nuestra primera discusión versó sobre política ... (ver texto completo)
Estrella roja, mira que definicion de celos salen en internet:

- Podríamos definirlos como un estado emotivo ansioso que padece una persona y que se caracteriza por el miedo ante la posibilidad de perder lo que se posee-tiene, o se considera que se tiene-posee, o se debiera tener-poseer (amor, poder, imagen profesional o social...).

- Los celos son una respuesta emocional, mental y conductual que surge ante la percepción de parte de la persona "celosa" de una amenaza externa que pone en peligro una relación personal importante con la persona "celada". Estas relaciones personales pueden ser románticas (i. e.: entre esposo y esposa); o no románticas, (i. e.: entre amigos, hermanos o compañeros de trabajo).

- 7. m. pl. Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra. (diccionario de la lengua española).

Esas son definiciones de celos, la tuya te las sacao del sobaco del odio que tienes, por que el pueblo no te escucha. O acaso señor sabelotodo, ¿eres ya tan listo que te atreves a saber mas que el mismisimo diccionario de la real academia de la de la lengua española?
Si las lees, imaginate el amor que profesamos a ese personaje, o a ti, por si acaso, señor Rojo Estrellado. ... (ver texto completo)
Desde la Torre, ¿por que no lo admitiría Navarrete en la Resi?
Pero que se creera este tio cuando habla de envidias y celos.
Amigo gaucho, mi apellido materno es Ramírez, algunos de mis antepasados se marcharon en los años cuarenta del siglo pasado a Mendoza, Argentina. Al leer tu saludo a los amigos de Iznalloz me he preguntado si no serías descendiente de alguno de ellos.
Saludos y muchas gracias, has sido muy amable.
Para tratar a una persona de mala educación hay que ser muy educado. De eso careces tú, ya que para intervenir en este foro te basas en mentiras permanentes. Algo que solo tiene un nombre….. no vale la pena.
Tú (vosotros) de educación poca, de envidia y celos mucho. Fíjate, no has dicho una verdad en el foro ni por equivocación.
Tu ignorancia es tal, que a una defensa tú le llamas ataque.
Te queda mucho que oír. Creo que el foro ya está entrando en orbita.
La única diferencia que ahora mismo ... (ver texto completo)
amigo gaucho ¿por casualidad te apellidas ramirez o conoces a alguno oriundo de iznalloz?
gracias y un saludo desde cáceres
Queridisimo amigo al-nasiry. Mi apellido es Palma. Si conozco gente oriunda de Iznalloz, aunque no se sus apellidos, nos vemos muchas veces en la casa que tenemos donde nos reunimos a menudo, donde los mas mayores recuerdan con nostalgia su querida tierra madre.
Un saludo desde Mendoza.
amigo gaucho ¿por casualidad te apellidas ramirez o conoces a alguno oriundo de iznalloz?
gracias y un saludo desde cáceres
Vaya estoy dos dias sin escribir y ya me dan la razon, al final tal como pensaba es la envidia lo que guia al del cerro, pues pide que Transito reparta su "mansion", en fin lo de siempre. Que no, que no va la cosa por ahi, que el que algo quiere que se lo curre, y no espere que va a caer el maná ah! es verdad, que el del cerro no cree mucho y al igual que lo de Santa Lucia le conserve el oido, no creera mucho lo del maná. A la vista de tus ganas de trabajar te recomiendo mejor que eches al Euromillon. ... (ver texto completo)
Querido amigo kalika.
Yo a Potajin ni le envidio nada, al contrario, por mi se puede meter en el arco del triunfo, su mansión, (vaya palabreja) sus olivos, su alambrada, su coche, y su supertractor, con remolque incluido, y aunque lo repartiera, no quiero nada de él. El no va a repartir nada, salvo su ya manido discurso, ese que el pueblo ya ni escucha. Fijate pensarás que estoy loco, escribiendo de semejante personaje, a estas horas, en vez de estar durmiendo, pero no, estoy matando un poco de ... (ver texto completo)
Víctor Montoya
Rebelión

No busques mas libros, aquí te envío uno.

Recordado comandante:

El 8 de octubre de 1967, después de librar tu último combate en el cañadón del Churo y caer a merced de tus enemigos, la pierna herida por un tiro y la garganta desgarrada por el asma, tu diario de campaña y otros documentos escritos con tu puño y letra, quedaron en poder de las Fuerzas Armadas. Es decir, pasaron de tu mochila de cuero a una caja de zapatos, que fue depositado como secreto de Estado en el Alto Mando Militar Boliviano; tu reloj Rolex, que te quitó un soldado a poco de tu captura, pasó a la muñeca del coronel Andrés Selig; tu fusil, ese fusil que hubiera querido heredar para cargarlo al hombro como tú lo cargaste a lo largo de la lucha, intentando encender la chispa de la revolución latinoamericana, pasó a manos del coronel Centeno Anaya, quien lo tomó sin sentir la misma emoción de felicidad que sintió el Inti cuando te conoció en la Casa de Calamina, en Ñancahuazú, donde tú le estrechaste la mano de compañero, mientras otro le entregaba su carabina M-2; tu pipa, en la cual degustaste la última bocanada de humo, como quien está dispuesto a esperar con serenidad la hora de la muerte, se la regalaste al sargento Bernardino Huanca, quien se comportó amable contigo. Pero el capitán Mario Terán se adelantó y gritó: ¡La quiero yo! ¡La quiero yo! Entonces tú, mirándolo con infinito desprecio, encogiste el brazo y le dijiste: No, a vos no.
En la Higuera permaneciste varias horas con vida. Te negaste a discutir con tus captores y tuviste el coraje de escupirles a la cara. Mas los mercenarios, dispuestos a cumplir las instrucciones de la CIA, decidieron eliminarte en el acto, para luego inventar la versión de que caíste en el combate del cañadón del Churo, y no que fuiste capturado vivo y ejecutado entre las cuatro paredes de la escuela de La Higuera. Tu asesino fue el mismo suboficial que quiso apoderarse de tu pipa, quien, borracho y asaltado por el miedo, entró en el aula y ejecutó la orden de eliminarte. Pero fue tan grande la impresión que le causaste, que, requerido por la prensa, confesó: Ese fue el peor momento de mi vida. Cuando llegué, el Che estaba sentado en un banco. Al verme dijo: ‘Usted ha venido a matarme’. Yo me sentí cohibido y bajé la cabeza sin responder. Entonces me preguntó: ‘ ¿Qué han dicho los otros’ (refiriéndose a los guerrilleros Willy y Chino). Le respondí que no habían dicho nada, y él contestó: ‘ ¡Eran unos valientes!’. Yo no me atreví a disparar, En ese momento vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Sentía que se echaba encima y cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido el Che podía quitarme el arma. ‘ ¡Póngase sereno –me dijo– y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!’. Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El Che, con las piernas destrozadas, cayó al suelo, se contorsionó y empezó a regar muchísima sangre. Yo recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga que lo alcanzó en un brazo, en el hombro y en el corazón. Ya estaba muerto.
Después te trasladaron amarrado al helicóptero, desde la escuela de La Higuera hasta el hospital de Vallegrande. Te inyectaron formalina en las venas y te presentaron ante las cámaras de la prensa sobre una mesa de tablas, donde yacías como Cristo, el Nazareno, con el aspecto más de vivo que de muerto; tenías el torso desnudo, los pantalones ajados, los pies descalzos, la barba crecida hasta el pecho y la cabellera precipitándose en cascadas. Aunque tu mirada estaba ausente, tus ojos irradiaban una extraña inocencia, acentuada por tus labios entreabiertos, casi sonrientes en el rictus de la muerte. Ese día, quienes contemplaron tu hermoso rostro de combatiente, cuentan que, incluso después de ser acribillado, tu cadáver rezumaba una aureola que inspiraba admiración y respeto, quizá porque supiste someter tus ideales a las pruebas del fuego, porque hacían lo que decías, porque vivías como pensabas y pensabas como vivías.
En esta última fotografía, donde los curiosos se agolpan a tu alrededor, la mirada fija y el aliento sostenido, parecen no salir de su asombro al constatar que ese hombre tendido en la camilla es el guerrillero que quiso crear dos, tres... muchos Vietnam en América Latina, mientras tus captores, señalando las heridas de tu cuerpo, te exponen como un trofeo de guerra, aunque no te mataron en combate sino de un modo cobarde.
Sin embargo, ésta no es tu fotografía más conocida, sino aquella otra de 1960, cuando el fotógrafo Alberto Korda, al recoger imágenes para la prensa en La Habana, tras el incendio del barco francés que transportaba un cargamento de armas y municiones para la defensa de la revolución, fijó tu rostro en el visor de la cámara y, atraído por la fuerza y el dramatismo de tu mirada tendida en la bahía, te tomó una fotografía que, una vez revelada en la cámara oscura, dio la vuelta al mundo y se trocó en un aluvión de afiches, banderas, camisetas, chapas, carteles, gorros y estampas; más todavía, tu rostro se pintó en las paredes y se grabó en la mente de quienes te mutilaron las manos y te desaparecieron, intentando acallar tu voz, soterrar tus ideales y destruir tu imagen, que, hoy como siempre, está presente entre nosotros, incitándonos a repetir aquellas frases de la carta de despedida que les escribiste a tus padres: Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante; vuelvo al camino con la adarga al brazo... Muchos me dirán aventurero, y lo soy; sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades...
Así te recordamos, comandante, con la estrella en la boina y el porvenir en la mirada. ... (ver texto completo)
Si, nos parecemos en aquello que cuelga entre las piernas. Acaso no te has fijado. Ya decia yo, ciego, tonto y enfermo de envidia. De pena.
Un saludo a mis amigos de Iznalloz, desde acá en Mendoza, Argentina.