Había una vez un niño llamado Tomás.
Tomás era inteligente, divertido y lleno de ideas...
pero había algo que siempre le costaba:
ser ordenado.
Su mochila era un lío.
Su cuarto parecía un tornado de juguetes y ropa.
Sus tareas siempre estaban arrugadas, perdidas, o escondidas entre sus cosas.
Cada vez que necesitaba algo, no lo encontraba.
Cada vez que quería hacer algo rápido, tardaba mucho buscando.
Y eso lo hacía sentir cansado, enojado y frustrado.
Un día, perdió un cuaderno muy importante.
Era el cuaderno donde había escrito un cuento para un concurso.
Buscó por todas partes: debajo de la cama, entre los juguetes, detrás de las sillas...
pero el cuaderno no aparecía.
Con lágrimas en los ojos, le dijo a su mamá:
—He perdido mi cuento.
Su mamá lo miró con cariño y le dijo:
—Eso te pasa, hijo, por ser tan desordenado.
Y luego, sonriendo, agregó:
—El orden no es solo para que todo se vea bonito.
Es para que tus sueños no se pierdan entre el desorden.
Recuerda siempre: cada cosa en su sitio, y un sitio para cada cosa.
Ese día, Tomás decidió cambiar.
Empezó a guardar sus lápices en su caja.
Sus libros en su estante.
Sus juguetes en sus cajas.
Y algo mágico pasó:
Encontraba todo rápido.
Terminaba sus tareas mejor.
Tenía más tiempo para jugar.
Y se sentía tranquilo y feliz.
Con el tiempo, Tomás ganó concursos, armó proyectos, creó cosas nuevas...
porque su mente estaba igual que su cuarto:
en orden.
Ser ordenado no solo te ayuda a encontrar tus cosas...
te ayuda a encontrar tus sueños más rápido.
Cuando todo está en su lugar, tu vida también encuentra su mejor camino. ... (ver texto completo)
Si encomiendas a un hombre más de lo que puede hacer, lo hará. Si solamente le encomiendas lo que puede hacer, no hará nada.
Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte.
Siempre me he inclinado a pensar bien de todo el mundo; evita muchos problemas.
El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal; el mejor amor, el de los niños.
Buenas noches Antonia. que tengas buen descanso. un abrazo.
Buenas noches Sensi que descanses y sueñes bonito un abrazo.
Buenas noches Antonia. que tengas buen descanso. un abrazo.
El invierno de 1914 llegó con soldados jóvenes y despedidas rápidas.
En la estación de Lille, una mujer mayor se colocaba cada mañana cerca de los andenes con una libreta pequeña.
Se llamaba Claire Dubois.
Tenía 68 años.
No vendía nada.
No pedía.
Contaba.
Cada vez que un soldado subía al tren sin abrigo, Claire hacía una marca en la libreta.
Por la tarde, regresaba con abrigos recogidos de iglesias y casas vecinas.
— ¿Por qué hace esto? —le preguntó un oficial. ... (ver texto completo)
No te preocupes por la gente que no te quiere. Disfruta de los que te aman..
Cualquier persona que te motive a ser mejor, vale la pena tenerla cerca toda la vida.
La libertad es caminar sin mirar atrás, sin arrepentimiento ni remordimientos.
El falso amigo es como la sombra que nos sigue mientras dura el sol.
Buenas noches Antonia. felices sueños. un abrazo
buenas noches sensi que descanses hasta mañana un abrazo.
Buenas noches Antonia. felices sueños. un abrazo
El hipócrita

Era un padre muy anciano con dos hijos.
Uno de estos hijos era muy bondadoso, en tanto que el otro sólo había demostrado interés por el padre cuando necesitaba algo de él. El hijo bondadoso había cuidado con enorme cariño a su padre cuando estaba enfermo, en tanto que el otro hijo se había despreocupado de él por completo.
Cuando iba a morir hizo testamento en un pliego de papel, señalando que el ochenta por ciento de la herencia sería para el hermano bondadoso y sólo el veinte por ciento para el otro hermano. Pero he aquí que, por los caprichos imprevisibles del destino, una jarra de manteca clarificada cayó sobre el pliego del papel tras la muerte del anciano y los nombres de los hijos no eran visibles.
El hijo egoísta, gimoteando, fue al juez para decir que a él le habían dejado el ochenta por ciento de la herencia, porque había sido siempre un hijo modelo. Pero el juez no sabía que determinación tomar. Así que decidió no tomar ninguna resolución hasta que viese el asunto más claro.
Llegó el día del entierro. Como el anciano era muy querido, todas las gentes del pueblo asitieron al sepelio. El hermano bondadoso caminaba en silencio, sin aspavientos, sufriendo íntimamente su dolor; pero el hermano hipócrita daba gritos desgarradores, se golpeaba en el pecho y se desplomaba contra el suelo de vez en cuando para que los asistentes creyeran que sufría mucho.
Cuando el cadáver fue puesta sobre la pira funeraria, ambos hermanos comenzaron a llorar. Entonces sucedió un suceso portentoso: las lágrimas del hermano bondadoso se fueron convirtiendo en pétalos y los del hermano egoísta en piedras. Ni que decir tiene que a partir de ese momento el juez encontró elementos fiables con los que juzgar.
Maestro: no hay hipócrita tan perfectamente hipócrita que no quede antes o después al descubierto. ... (ver texto completo)