Esta carta desencadenó una auténtica caza al asesino, que se prolongó durante un mes y concluyó con la captura de un ingeniero químico de 42 años llamado Javed Iqbal, que se convirtió así en el criminal más buscado en los 53 años de historia independiente de Pakistán, donde son muy raros los casos de asesinatos en serie.
Javed Iqbal fue detenido en diciembre de 1998 después de que en un acto de exhibicionismo enviase una carta a la Policía en la cual confesaba haber estrangulado a un centenar de jóvenes. Además de mofarse de la incapacidad de las autoridades de atraparlo y ponerlo entre rejas, en ella explicaba cómo había cortado en pedazos los cuerpos de sus víctimas, de las que abusaba sexualmente antes de asesinarlas, y luego depositaba los restos en una tinaja con ácido para hacer desaparecer los cadáveres.
El peor asesino en serie en la historia de Pakistán, juzgado según la Ley del Talión.

El segundo puesto en la clasificación mundial de asesinos en serie, lo ocupa un pakistaní con 100 víctimas. Es posible que Javed Iqbal estuviera empeñado en superar a su colega inglés Harold Shipman (215 víctimas), pero afortunadamente le detuvieron en el 2000, tras escribir una carta de confesión a un periódico.
Lo que hoy es una herejía se suele convertir en la ortodoxia de mañana.
Una nación que quiere agradar a todos, puede ser despreciada por todos.
Hay cosas que no tienen solución, y son las que más
En vano se echa la red ante los ojos de los que tienen alas.
El lujo está siempre en proporción con el desnivel de las fortunas.
La irracionalidad de una cosa no es un argumento en contra de su existencia, sino más bien una condición de la misma.
Al burro muerto, cebada al rabo.
Ande yo caliente ríase la gente.
Algo tendrá el agua cuando la bendicen.
Alábate, cesto, que venderte quiero.
Cada palo aguante su vela.
Cada mochuelo a su olivo.