HISTORIAS GRANAINAS... EL HOMBRE Y EL BORRIQUILLO
Una sola
ventana tenía su
casa. Miraba a la Alhambra desde las laderas de enfrente,
barrio del Albaicín y bajo su ventana crecía un pequeño
árbol. Un acebo que siempre estaba muy verde y, en los días de
otoño e
invierno, repleto de semillas rojas. Por eso, entre las ramas de este acebo, siempre revoloteaba un mirlo. Un ave que había nacido precisamente aquí, entre las espesas ramas del acebo y por eso el pájaro, había delimitado como territorio
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