El arte rupestre se complementa, además, con el hallazgo de monumentos arqueológicos referentes a la existencia del toro y a su condición de protagonista en lo que, luego, fue un espectáculo de masas. Ejemplo de ello son la Piedra de Clunia (estela taurina donde un toro acomete a un hombre armado con un escudo y una espada), el Vaso Historiado de Liria (en el que, dos o tres siglos antes de Cristo un cornalón se enfrenta a dos cazadores con sendas mazas) o los conocidos Toros de Guisando.
Los fósiles y los restos prehistóricos también evidencian la presencia del toro en España miles de años antes de que pudieran traerlo celtas, por el norte; griegos, por el este; y africanos, por el sur. Así sucede en la santanderina cueva de Pando, los yacimientos del Pisuerga y del madrileño valle del Manzanares, lugar al que acudían las reses a beber y donde serían cazados y descuartizados por el hombre.
Los fósiles y los restos prehistóricos también evidencian la presencia del toro en España miles de años antes de que pudieran traerlo celtas, por el norte; griegos, por el este; y africanos, por el sur. Así sucede en la santanderina cueva de Pando, los yacimientos del Pisuerga y del madrileño valle del Manzanares, lugar al que acudían las reses a beber y donde serían cazados y descuartizados por el hombre.
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