Desde la antigua Grecia tenemos figuras como Circe y Medea que se representan con estas figuras de la edad media. Ya en el mundo germánico, la mujer ocupaba un lugar de gran importancia. Tenía conexión con la naturaleza mágica, tenía capacidad profética y sanadora. Este carácter profético simboliza un gran respeto por la mujer. Aquí es en donde la mujer asume el rol de hechicera. En la mitología nórdica, tenemos como representante de estas mujeres a la maga Gullveig, “la hacedora de oro”. En el ámbito celta abundaban hechiceras y profetisas. Entre los celtas estaban las Cailleach (las hechiceras), aparecen como mujeres repulsivas y atemorizantes, pero rodeadas de sacralidad. Estas nociones de la antigüedad fueron traspasadas a España.