A partir de entonces, el gobierno colombiano dictó una ley que protege al ago de las incursiones de los cazadores de tesoros. Sin embargo, las fabulosas riquezas de El Dorado continúan atrayendo a los aventureros. Muchos viajeros contemporáneos que han visitado las tierras de los Incas refieren que muchos indígenas, descendientes de los pueblos que celebraban el ritual del oro, todavía practican hoy ceremonias similares, lejos de los ojos ávidos de los extranjeros. Los descendientes de los chibcha se reúnen en un valle secreto, en la alta montaña, para celebrar sus antiguos ritos; los sacerdotes danzan ante su pueblo, ocultos sus rostros con máscaras de oro, tal como lo hacían sus ancestros. Por lo tanto, el espíritu de El Dorado sigue vivo, como vivo permanece el misterio de su fabuloso tesoro.