FREILA: Terminado el juramento se dio media vuelta y encontró...

Terminado el juramento se dio media vuelta y encontró a su hija aturdida, acostada en el suelo. La ayudo con cariño a levantarse, fundiéndose con ella en un fuerte abrazo. Por primera vez en su vida, el viejo besó y acarició con ternura a la muchacha.
La niña no recordaba nada de lo ocurrido y su padre no quiso desvelarle el secreto.
Juntos retornaron caminando abrazados hacia su casa.
Este es un secreto que celosamente siempre hemos guardado los vecinos de aquella aldea y que yo aquí os revelo sin temor, porque nunca nadie ha creído que fuera verdadero, y sin embargo, para todos nosotros... ¡es tan cierto!
Acostumbraba desde niño a fantasear soñando despierto, pero esta vez aquello no parecía un sueño, era más bien, una desagradable pesadilla.
De repente un nuevo rayo cayó a nuestro lado, su resplandor me cegó durante unos segundos, cuando pude abrir los ojos, la anciana había desaparecido, miré alrededor buscándola con curiosidad y no la encontré, sólo pude ver cómo una larga serpiente negra se perdía reptando entre la maleza.
Al momento cesó la tormenta, volvió a alumbrar la luna llena y la negra noche se tornó en noche estrellada.
Turbado, sin tener seguridad de cuanto me había ocurrido, dudando si se trataba de un sueño o realmente se había producido el encuentro con la anciana llamada Oceánea, cogí el balde de los percebes y mis bártulos y me encaminé apresurado hacia la aldea.
Al llegar mis convecinos atemorizados me esperaban reunidos en la plaza junto a la fuente. Escucharon en sepulcral silencio cuanto yo les conté. Algunos, los más viejos, acompañaron mi disertación con gestos de afirmación, la mayoría me miraron confusos y los más escépticos, me dedicaron una sonrisa socarrona. Nadie hizo ningún comentario.
Cuando hube terminado mi explicación, mi abuela Mamá Sofía asió mi mano con fuerza y me condujo en silencio hacia nuestra casa. La mayoría de los vecinos hizo lo mismo, disolviéndose en un santiamén la asamblea. Nunca más se volvió a comentar en la aldea mi experiencia de aquella noche de verano.
Creo que exceptuando algunos paisanos, nunca nadie me ha creído esta historia que aquí os cuento, ni tan siquiera, que existió la aldea primitiva y el castigo divino, a pesar de que la piedra de la serpiente inmutable al paso del tiempo, sigue allí como mudo testigo.