Sus sospechas se confirmaron, el cuerpo de su hija Sarah había desaparecido. Ordenó partir a sus soldados en busca de los canteros, apresarlos y devolverlos al reino para juzgarlos por la profanación de la tumba de su hija.
No lograron alcanzarlos, cruzaron las fronteras del reino y solicitaron la protección de los reinos vecinos. La Reina juró vengarse y montó una partida con sus soldados más fieles para que en secreto se trasladaran hasta las tierras del Finisterre, localizaran el emplazamiento de la tumba y separaran los cuerpos de los dos jóvenes, no permitiendo que reposaran unidos durante la eternidad.
Ya en la húmedas tierras de Galicia los canteros tras enterrar los cuerpos de los dos enamorados, dejaron al cuidado de su sepultura a un vieja aldeana, viuda de un antiguo maestro de cantería y fiel a los principios de la orden. La anciana plantó dos rosales, uno en la cabecera de cada una de las sepulturas de los cadáveres, uno rojo que simbolizara la pasión de los amantes y otro blanco que simbolizara la inocencia de su cariño.
No lograron alcanzarlos, cruzaron las fronteras del reino y solicitaron la protección de los reinos vecinos. La Reina juró vengarse y montó una partida con sus soldados más fieles para que en secreto se trasladaran hasta las tierras del Finisterre, localizaran el emplazamiento de la tumba y separaran los cuerpos de los dos jóvenes, no permitiendo que reposaran unidos durante la eternidad.
Ya en la húmedas tierras de Galicia los canteros tras enterrar los cuerpos de los dos enamorados, dejaron al cuidado de su sepultura a un vieja aldeana, viuda de un antiguo maestro de cantería y fiel a los principios de la orden. La anciana plantó dos rosales, uno en la cabecera de cada una de las sepulturas de los cadáveres, uno rojo que simbolizara la pasión de los amantes y otro blanco que simbolizara la inocencia de su cariño.