Esta otra historia que me narró mi abuela, cuentan que ocurrió hace muchos años, en aquella lejana época en que los canteros deambulaban libres por los pueblos del continente sin vasallajes ni servidumbre alguna ni a reyes ni a iglesias.
Cuenta la leyenda que el amanecer de un día de primavera partieron de nuestra aldea una cuadrilla de canteros llamados por la reina de un país lejano. Su trabajo consistiría en rehabilitar una vieja iglesia que amenazaba con desplomarse. La cuadrilla de canteros que partió hacia el lejano reino estaba compuesta por siete cofrades; el maestro y sus dos vigilantes, además de dos compañeros y dos aprendices.
Al arribar a su destino, el maestro, tras un detenido estudio del estado de conservación del templo que debían reparar, distribuyó los trabajos entre los miembros de su cuadrilla. Amaro, el más joven de los aprendices, que era un gran conocedor del arte y un experto escultor, fue destinado a trabajar en lo alto de un andamio dentro del recinto sagrado del templo, reparando las figuras del interior en el altar de la iglesia y también taponar las fisuras de la parte abovedada de la cúpula.
Cuenta la leyenda que el amanecer de un día de primavera partieron de nuestra aldea una cuadrilla de canteros llamados por la reina de un país lejano. Su trabajo consistiría en rehabilitar una vieja iglesia que amenazaba con desplomarse. La cuadrilla de canteros que partió hacia el lejano reino estaba compuesta por siete cofrades; el maestro y sus dos vigilantes, además de dos compañeros y dos aprendices.
Al arribar a su destino, el maestro, tras un detenido estudio del estado de conservación del templo que debían reparar, distribuyó los trabajos entre los miembros de su cuadrilla. Amaro, el más joven de los aprendices, que era un gran conocedor del arte y un experto escultor, fue destinado a trabajar en lo alto de un andamio dentro del recinto sagrado del templo, reparando las figuras del interior en el altar de la iglesia y también taponar las fisuras de la parte abovedada de la cúpula.