Su influencia política y civilizadora fue enorme; unificó a los árabes por el idioma, por la religión y políticamente. Antes de Mahoma, la Arabia era un mosaico de tribus que vivían en guerras intestinas permanentes; un siglo después de la aparición del profeta, el Imperio árabe se extendía desde la India a España, y al amparo del estandarte de Mahoma se desarrollaron las ciencias y las artes y floreció una brillante civilización. Aquella civilización ha pasado, con su cohorte de poetas, filósofos, astrónomos, médicos, historiadores y arquitectos, pero la religión de Mahoma perdura; más de 100 millones la practican en el Indostán, más de 60 millones en el Cercano Oriente, y en casi todo el Norte de África y en el África Oriental es la religió predominante. Incluso es practicada por algunos pueblos europeos, como el albanés. Algunos de los pueblos vencedores de los árabes, como los turcos osmanlíes, se hicieron mahometanos y mantuvieron durante varios siglos un extenso y poderoso imperio en la Europa oriental y en el Cercano Oriente.