Tiberio se había casado en primeras nupcias con Vipsania Agripina, con quien tuvo a su hijo Druso. No obstante, Octavio le fuerza al abandono de aquella primera esposa y le obliga a casarse con su propia hija, Julia. Sin embargo, este matrimonio no duraría ya que Julia solía llevar una vida disoluta y libertina. En este sentido, de acuerdo con Octavio, el esposo ultrajado agravará el destierro que le había impuesto el Emperador, prohibiéndole salir de su casa —castigo particularmente muy cruel para el temperamento de Julia— y mantener bajo ningún concepto relaciones sexuales (su último amante que no tenía empacho en exhibir en público fue Sempronio Graco). Además, y aprovechando la oportunidad de la ausencia de la hija de Octavio, Tiberio acabó apropiándose del dinero y de las rentas de su segunda esposa a la que posteriormente también ordenará matar junto a su amante. Tiberio había iniciado su carrera militar a las órdenes del que sería su suegro y protector, Octavio Augusto, combatiendo a los rebeldes cántabros en España, y a los armenios en el otro extremo del Mediterráneo. En este tiempo de servicio a Octavio, gobernó la Galia y guerreó en Germania.