Los pueblos de los Grandes Lagos (como los antiguos Mimac) asociaban al Sol también con la guerra. En su modalidad de Gran Guerrero y Jefe de la Guerra se le honraba con torturas rituales, quitando cabelleras, y con la quema sacrificial de los cautivos de guerra. Se creía que los guerreros se beneficiaban de su protección en las batallas y, ellos señalaban este poder colgando un amuleto con la figura del Sol sobre sus torsos.