En la década de 1970 la anciana Alice Pruitt, miwok de la Sierra Norte, advertía a sus nietos: «Un oso es igual que una persona. Uno no quiere comérselo porque podría estar comiéndose a su abuelo». Muchos Miwok, Maidu y otros pueblos pueblos de California mantenían puntos de vista como éste sobre los osos, en particular sobre los osos pardos. Algunos Miwok de la Sierra creían que los espíritus de chamanes difuntos malévolos podían habitar en el oso pardo, de modo que lo evitaban. Algunos lo consideraban casi humano y otros creían que era un espíritu mensajero. Por respeto no comían carne de oso pero usaban la piel como vestido, ropa de cama o para atributos ceremoniales.