Establecidos en la orilla de un río, los pueblos delawares se componían de construcciones de distinto tamaño: del wigwam familiar a la vasta casa colectiva. Los delawares veneraban al Gran Espíritu, conjunto de fuerzas que animaban la Naturaleza y que se dirigían a los hombres mediante los fenómenos naturales. Estas fuerzas estaban por todas partes, y se alojaban en cada ser y en cada cosa.