La destrucción y literal aniquilamiento de la Orden ocurrieron en Francia, dominio de Felipe el Hermoso, donde inexplicablemente los caballeros, combatientes ejemplares, se entregaron mansamente como corderos. Se dice, sin embargo que su poderosa flota naval, con asiento en La Rochelle, soltó amarras con destino desconocido. No ocurrió lo mismo en otros países. En Alemania resistieron la orden de entregarse y pasaron a integrar los caballeros teutónicos. En Portugal tomaron el primitivo nombre de Pobres Caballeros de Cristo. En España, ingresaron en otras Ordenes, es decir cambiaron de hábito. De ahí que muchos supongan que el Temple no ha muerto sino pasado a la clandestinidad. ¿No es acaso templaria la cruz pintada en las carabelas de Colón y de los navegantes portugueses?