Basándose en las antiguas crónicas griegas y la exploración de algunos yacimientos, se cree que entre los siglos VIII y VII a. C. ya existía un mundo itálico muy diversificado y en plena evolución. Cuatro pueblos se repartían el territorio: los galos, que estaban en la llanura del Po, región llamada Galia Cisalpina; los etruscos o tirrenos, provenientes de Asia Menor, que se situaron en la región de la actual Toscana; los griegos que estaban al sur, en el Golfo de Tarento y en la isla de Sicilia; y los italiotas o itálicos, entre los cuales se distinguieron los latinos, que se asentaron en el valle del Tíber, en cuyas orillas nació Roma. En la parte occidental de Sicilia había algunas colonias fenicias bajo la dirección y protección de la ciudad de Cartago.