El aire estaba cargado con los quejidos de estas criaturas, amenazadas por una completa extinción. Veían imágenes fantasmales de la catástrofe anterior, como si hubieran retrocedido en el tiempo. Hace miles de años, en otra enorme erupción, un grupo entero de mastodontes quedó enterrado bajo la ceniza volcánica. Cuando fueron descubiertos en el valle de San Pedro, aún permanecían parados; lo que pasó entonces fue asombroso, pero pertenecía a un pasado olvidado. Lo que ahora estaba aconteciendo era la pura realidad: la actividad volcánica con un efecto destructivo sobre la vida animal y vegetal, y no sólo localmente sino a escala mundial.
Las nubes de cenizas oscurecieron el cielo, como si el mundo hubiese ingresado en una era de oscuridad. Eso era cierto, porque esta violencia de la naturaleza no sólo mató toda la vida en muchas regiones, sino que también asoló las comarcas inhabitables. Si bien las personas y los animales trataron de escapar, la Tierra seguía temblando, sacudiéndose y arrojando fuego; era algo increíblemente traumático y aquellos que lograron sobrevivir lo recordarían para siempre. Por generaciones, esta descomunal catástrofe iba a convertirse en el tema de conversación, a causa del devastador daño producido.
Las nubes de cenizas oscurecieron el cielo, como si el mundo hubiese ingresado en una era de oscuridad. Eso era cierto, porque esta violencia de la naturaleza no sólo mató toda la vida en muchas regiones, sino que también asoló las comarcas inhabitables. Si bien las personas y los animales trataron de escapar, la Tierra seguía temblando, sacudiéndose y arrojando fuego; era algo increíblemente traumático y aquellos que lograron sobrevivir lo recordarían para siempre. Por generaciones, esta descomunal catástrofe iba a convertirse en el tema de conversación, a causa del devastador daño producido.