Los años siguientes son agotadores. A las alegrías siguen las muertes de nuevo a la velocidad acostumbrada en aquel reinado. Se sueña con que, a falta de descendientes, un recién nacido vaya a ser rey panibérico. Miguel, sin embargo, muere a los dos años. Y en fin, en medio de estas turbaciones es como deja de existir la Casa de Trastámara y entra a reinar en España, por casualidad, la Casa de Austria.