Desde la visión de Londres, la actividad bucanera era una manera barata de enfrentarse con España, rival de Inglaterra. Por eso, la corona inglesa otorgó licencias a bucaneros, haciendo legales sus operaciones a cambio de una parte de sus ganancias. Los bucaneros recibieron una invitación del gobernador jamaiquino Thomas Modyford para darles una base a sus barcos en Port Royal. Los bucaneros robaban a los franceses, holandeses y españoles, a sus barcos y colonias, y regresaban a Port Royal con el botín. Sus actividades siguieron su curso más allá de si Inglaterra estaba en guerra o no con España, Holanda o Francia.