En lo que respecta al citado poema murciano, nadie le ha dedicado jamás una sola línea, al menos entre los que alguna vez han hablado de los poemas caballerescos. Así, el propio Chevalier no lo tiene en cuenta en su minucioso repaso de la huella de Ariosto en España. Tampoco lo menciona Menéndez Pelayo en sus Orígenes de la novela, y Frank Pierce se limita a incluir el poema en su catálogo.