Este condimento resultaría interesante, como indicamos anteriormente, por ser la ficción caballeresca la más leída por las mujeres del siglo XVI y XVII. La relación con el biblioclasmo y la demonización de las novelas de caballerías es evidente: “Una buena porción de las condenas de la lectura de los libros de caballerías se hace en virtud del hecho de ser leídos por mujeres, casadas y doncellas, y eso tanto en España como en otros países (...) No era sólo una construcción patriarcal: las habilidades de la mujer como reproductora de narraciones orales de toda índole, de lo que es buen testimonio el propio Boccaccio y los narradores del siglo XVI que enmarcan sus cuentos en tertulias femeninas, tiene su correlato nada sorprendente en su predisposición no sólo por narrar, sino también por las lecturas de ficción, empezando por la caballeresca”.
De alguna manera, la literatura caballeresca fue un espacio liberado para la acción femenina: para la lectura pública, la narración privada o para obtener el permiso de asumir –como en el caso de Ferianisa– un rol social prohibido más allá de las fronteras de la ficción.
De alguna manera, la literatura caballeresca fue un espacio liberado para la acción femenina: para la lectura pública, la narración privada o para obtener el permiso de asumir –como en el caso de Ferianisa– un rol social prohibido más allá de las fronteras de la ficción.