El agua siempre ha estado asociada a la subsistencia del hombre y de los animales que en torno a él vivía. Cuando no existía en el lugar donde se habitaba había que ir a buscarla. De ello nos habla este relato.
Vas al pilar a por agua
y no llevas compañera.
¿Quieres que yo te acompañe?
¡Rosa de primavera!
No siempre han existido los grifos dentro de las casas. En los pueblos no hace mucho tiempo, había que ir a la fuente a por el líquido elemento y mucho peor estaba el ir a por agua en los cortijos de la sierra.
Una alumna del Centro de Adultos de Caniles, nos cuenta su experiencia en uno de estos cortijos de la Sierra de Baza:
Para ir a por agua, había unos carrillos de mano, con una rueda de hierro en la parte delantera. Había unos con dos agujeros y otros con cuatro, a la medida de los cántaros, para con éstos ir a por el agua. Estos cántaros los vendían en Caniles o en Baza. Eran muy panzudos, siendo lo de abajo (culo) más estrecho, igual a la parte de arriba (boca).
El ir a por el agua, lo hacían generalmente las mujeres, y más bien jóvenes. Con el carrillo, donde se podía ir con él o generalmente yendo las muchachas a por el agua con el cántaro a la cadera. Cuando llegaban a la fuente, si había gente antes, ponían un cántaro en el suelo en fila a continuación del que había llegado el último, para esperar su turno y entonces llenar los dos o cuatro cántaros que traían en el carrillo o los que portaban a las caderas. Si había mucha gente en fila, aprovechaban el viaje para lavar la ropa en el riachuelo y de paso contar historias o cantar canciones.
Vas al pilar a por agua
y no llevas compañera.
¿Quieres que yo te acompañe?
¡Rosa de primavera!
No siempre han existido los grifos dentro de las casas. En los pueblos no hace mucho tiempo, había que ir a la fuente a por el líquido elemento y mucho peor estaba el ir a por agua en los cortijos de la sierra.
Una alumna del Centro de Adultos de Caniles, nos cuenta su experiencia en uno de estos cortijos de la Sierra de Baza:
Para ir a por agua, había unos carrillos de mano, con una rueda de hierro en la parte delantera. Había unos con dos agujeros y otros con cuatro, a la medida de los cántaros, para con éstos ir a por el agua. Estos cántaros los vendían en Caniles o en Baza. Eran muy panzudos, siendo lo de abajo (culo) más estrecho, igual a la parte de arriba (boca).
El ir a por el agua, lo hacían generalmente las mujeres, y más bien jóvenes. Con el carrillo, donde se podía ir con él o generalmente yendo las muchachas a por el agua con el cántaro a la cadera. Cuando llegaban a la fuente, si había gente antes, ponían un cántaro en el suelo en fila a continuación del que había llegado el último, para esperar su turno y entonces llenar los dos o cuatro cántaros que traían en el carrillo o los que portaban a las caderas. Si había mucha gente en fila, aprovechaban el viaje para lavar la ropa en el riachuelo y de paso contar historias o cantar canciones.