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ÉXODO Y EMIGRACIÓN DE LA POBLACIÓN SERRANA

La migración es un fenómeno natural conocido y verificado desde los albores de la humanidad. Las gentes para mejorar su calidad de vida, han buscado lugares y comarcas más cálidas y productivas donde pudieran lograr sus aspiraciones de bienestar y progreso.

Así en nuestro Parque nos encontramos con dos tipos de migraciones:

- Las temporeras o alternantes, de las que hemos hablado en el capítulo anterior.

- Las fijas, tanto internas o interiores como externas, es decir, dentro o fuera del

territorio nacional.

El movimiento migratorio de nuestra sierra se justifica por los terrenos pobres, escabrosos y gélidos, una climatología muy dura, con inviernos largos y fríos, un verano corto y caluroso, que desembocaba en una tremenda precariedad económica que justifica ampliamente la salida de las gentes. Este fenómeno no alcanzó su máxima expresión hasta después de los años cincuenta. Antes de este período fue inexistente debido a la falta de industrialización de nuestro país. A partir de esa década se inicia en firme la migración, hasta llegar al éxodo total en los sesenta. Los sitios preferidos por los serranos y serranas fueron Barcelona de forma particular y Cataluña en general. Las tres cuartas partes de la población serrana están allí. Después, aunque en menor proporción, Andalucía Occidental, con Córdoba, Sevilla y los pueblos ricos de aquella parte de Andalucía.

Por último, un gran número de personas serranas se quedaron a vivir en Baza, Caniles y los fértiles cortijos de la Hoya de Baza. Todo ello, unido a las repoblaciones de pinos llevadas a cabo por el Patrimonio Forestal, contribuyó a dejar definitivamente despoblada la Sierra de Baza.