FREILA: NORMAS DE VIDA...

NORMAS DE VIDA

La vida de las gentes de la Sierra de Baza estaba básicamente dedicada a la minería, el pastoreo y a la agricultura de subsistencia, fundamentalmente. Los hombres dedicados a las tareas del campo y del ganado, las mujeres al cuidado de la casa, los hijos y las hijas, aunque también colaboraban en los cuidados del ganado y la agricultura, para la subsistencia diaria, cuando así fuese necesario.

En la Sierra de Baza existía pobreza y carencia pero nunca hambre ni indigencia. El carácter y laboriosidad de sus gentes siempre lo han impedido, de forma que cuando faltaba el trabajo, marchaban a otros lugares, haciendo salidas temporeras que les permitían ganar algún dinero que les sacaba de apuros tapando los agujeros económicos producidos durante los meses de carencia. Estas salidas temporeras eran generalmente dos: una en verano para la siega y otra en invierno para la recogida de la aceituna. Los lugares eran siempre los mismos: Andalucía Occidental, provincias de Sevilla, Córdoba y Jaén. El desplazamiento a dichos puntos de trabajo era bastante numeroso. La siega se realizaba en cuadrillas de siete segadores y un atador, en total ocho personas. Uno de ellos sería el manijero encargado de ajustar los destajos, nunca trabajaban a jornal, prefiriendo hacerlo por su cuenta, ya que dadas las muchas horas de trabajo sudando y la maestría tenida se sacaban buenos sueldos.

Se iban a mediados de mayo y regresaban a primeros de julio, cuando las labores agrícolas de los meses de verano precisaban de su presencia. Mientras tanto la mujer y los hijos se quedaban en la casa y realizaban la recolección de los cereales o productos hortícolas sembrados en sus propiedades, arrendamientos o aparcerías.

En la recolección de la aceituna, que duraba dos o tres meses, se juntaban grupos de quince o veinte personas que trabajaban siempre en las fincas de otros años. Para un mejor aprovechamiento de la recogida y de la faena, marchaban en pequeños grupos de cuatro personas, casi siempre familiares: dos hombres vareadores y dos mujeres recogedoras, así se ganaba el dinero.

Como dato curioso, en los años treinta, decir que se iban en grupos de unas treinta personas andando, y tardaban en hacer el viaje cinco o seis días. Llevaban algunas caballerías, corrientemente burras, cargadas del equipaje o hato. Pernoctaban en las posadas aunque dormían en los aparejos de las bestias, que se llamaban enjalmas o albardas: especie de sacos rellenos de paja. Los extendían unos junto a otros, haciendo cama redonda, tapándose para protegerse del frío, con las mantas y jarapas que llevaban para tal fin. La comida era a base de fiambres baratos comprados en los pueblos por donde pasaban, reforzados con las chacinas de sus matanzas. Después en tiempos de la República se trasladaban en ferrocarril.