En la antigüedad, el gamo se convirtió en una presa codiciada por los cazadores, sobre todo los pertenecientes a las clases altas. Esto, paradójicamente, contribuyó a su conservación e introducción en varios lugares donde antes no estaba presente o se había extinguido durante la última glaciación. La mayor expansión se produjo durante el Imperio Romano y la Edad media, períodos en los que la especie fue introducida en Europa central, Islas Británicas, llegando hasta el sur de las penínsulas Escandinava y de Finlandia. En épocas más reciente ha sido introducido también en América del Norte y del Sur y en el continente Australiano. En España, donde no es una especie autóctona, a finales del siglo XIX vivían en estado salvaje en Sierra Morena, cuenca del Tajo y Montes de Toledo. Siendo reintroducido en Doñana a principios del siglo XX, donde ya existían en el S. XV. En la actualidad ocupa numerosas áreas pequeñas y aisladas en todo el territorio peninsular. En la provincia de Granada solo está presente en la zona norte, en la Sierra de Castril y de Huéscar, en el límite con la Sierra de Cazorla-Segura.