FREILA: DUX...

DUX

Desde lo profundo de la cueva salía un grito desgarrador. Yo me asomaba y nada veía, y a mis espaldas mis hombres esperaban inquietos, empuñando las espadas nerviosos. Maldije la corrupción de los lugares que en otras edades fueron, al menos según los recuerdos tramposos de los ancianos que no pueden levantarse de sus camas, libres de manifestaciones malignas.

Afligido, miré a mis soldados, cuya esperanza suelo envidiar. Esperaban mi orden, pero yo no me decidía. De pronto, el grito cesó, y entonces advertí que había estado conteniendo mi respiración. Envainé mi espada, me agaché y me eché al rostro agua del angosto arroyo que por allí corría. Luego, con un ligero temblor, me volví a la entrada de la cueva. No me atrevía a entrar y esto me perturbaba. Llegué a pensar en una deshonrosa fuga.

- ¡Entremos! – exclamó uno de mis hombres, impaciente – Toda la vida nos arrepentiremos si no lo hacemos.
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
Aunque le temo a los remordimientos – le respondí -, yo no me arrepiento ni he de arrepentirme de nada.

A continuación, guardamos silencio. El grito comenzaba y se apagaba una y otra vez. Vi en los ojos de mis soldados la sed de sangre. Nuevamente pensé en la huida, pero huir no es una decisión que puedan tomar los generales, y por eso extrañé la época en que no era yo más que un simple soldado. Indeciso, apoyé mi espalda a las rocas y hablé de la siguiente manera:

-Somos un puñado de hombres, ... (ver texto completo)