Según la mitología nórdica, las hadas son mujeres humanas que, después de haber cometido algún atentado contra la Naturaleza, recibieron el castigo de vivir bajo la apariencia de un insecto volador en el “Reino de las Hadas”.
No. El duende de que hablo, oscuro y estremecido, es descendiente de aquel alegrísimo demonio de Sócrates, mármol y sal que lo arañó indignado el día en que tomó la cicuta, y del otro melancólico demonillo de Descartes, pequeño como almendra verde, que, harto de círculos y líneas, salió por los canales para oír cantar a los marineros borrachos.”
Así, pues, no quiero que nadie confunda al duende con el demonio teológico de la duda, al que Lutero, con un sentimiento báquico, le arrojó un frasco de tinta en Nuremberg, ni con el diablo católico, destructor y poco inteligente, que se disfraza de perra para entrar en los conventos, ni con el mono parlante que lleva el truchimán de Cervantes, en la comedia de los celos y las selvas de Andalucía.
Este «poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica» es, en suma, el espíritu de la sierra, el mismo duende que abrazó el corazón de Nietzsche, que lo buscaba en sus formas exteriores sobre el puente Rialto o en la música de Bizet, sin encontrarlo y sin saber que el duende que él perseguía había saltado de los misteriosos griegos a las bailarinas de Cádiz o al dionisíaco grito degollado de la siguiriya de Silverio.
Estos sonidos negros son el misterio, las raíces que se clavan en el limo que todos conocemos, que todos ignoramos, pero de donde nos llega lo que es sustancial en el arte. Sonidos negros dijo el hombre popular de España y coincidió con Goethe, que hace la definición del duende al hablar de Paganini, diciendo: «Poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica».
…En toda Andalucía, roca de Jaén y caracola de Cádiz, la gente habla constantemente del duende y lo descubre en cuanto sale con instinto eficaz. El maravilloso cantaor El Lebrijano, creador de la Debla, decía: «Los días que yo canto con duende no hay quien pueda conmigo»; la vieja bailarina gitana La Malena exclamó un día oyendo tocar a Brailowsky un fragmento de Bach: « ¡Ole! ¡Eso tiene duende!», y estuvo aburrida con Gluck y con Brahms y con Darius Milhaud. Y Manuel Torres, el hombre de mayor cultura ... (ver texto completo)
Según Lorca, la obra de arte inspirada por el duende nos comunica la esencia del mundo, como sucede con la música de los cantaores flamencos. En su conferencia “juego y teoría del duende”, Federico García Lorca los califica de la siguiente manera:
El “duende”, para los andaluces, alude a la interpretación subliminal de la tauromaquia (el arte de los toros) así como de cualquier otro fenómeno como el baile o el cante. Estas manifestaciones transportan al artista a una experiencia “de la muerte”, ya que evadirse del tiempo implica tocar el fin de la existencia. El arte que nace de la mera reproducción de formas es opuesto al “arte del duende”.
El escritor andaluz Federico García Lorca desarrolló una teoría estética donde despliega sus ideas acerca del proceso de creación artística en relación al “misterio de los duendes”. En “El teatro y la teoría del Duende", conferencia dictada primero en Buenos Aires y luego en La Habana, en el año 1933, Lorca explica que el gran arte depende de un conocimiento cercano de la muerte, de la conexión con los orígenes de una nación y de un reconocimiento de las limitaciones del raciocinio.
Los duendes son criaturas mitológicas que comulgan con la naturaleza rural: vigilantes de bosques, guardianes de animales y plantas. Integran la raza conocida como “feérica” al igual que los trolls, las hadas y los elfos, que fueron popularizados a través de los mitos celtas y nórdicos.
El día de este santo, celebrado el 17 de marzo, se conoce como la ocasión ideal para que todos los duendes y demás criaturas fantásticas salgan de sus escondrijos para hacer travesuras y sembrar calamidades por doquier.
Los duendes son también conocidos como brujos, hechiceros o druidas satánicos, estos últimos dentro de las tradiciones célticas.
También se afirma que el método más efectivo para ahuyentarlos es mostrarles una imagen de San Patricio, el santo patrón de Irlanda, ya que fue él quien los desterró de la casa de Dios
Los duendes también tienen habilidades para la adivinación, el esoterismo y las ciencias ocultas. Pero se afirma que sus hechizos son ineficaces contra alguien que posea un trébol de cuatro hojas.
En tanto el vocablo “hada” proviene del latín fata, y del vulgarismo fatum, que quiere decir “hado”. Se trata de un ser fantástico que suele representarse bajo la forma de mujer, a quien se atribuye poderes mágicos y el don de adivinar el futuro. Además, a cada una de las tres parcas se las conoce como “hadas”.
Etimológicamente, “duende” proviene de duen de casa, es decir: dueño de la casa. Según la RAE, se trata de un espíritu fantástico que habita en algunas casas y travesea, causando trastornos y estruendo en ellas. En las narraciones tradicionales, suele aparecer bajo la figura de viejo o de niño.