Un hombre que al parecer circulaba bajo los efectos del alcohol, fue obligado a parar por la Guardia Civil en un control rutinario de alcoholemia. Mientras la patrulla le estaba pidiendo la documentación, se produjo un accidente leve a escasos 300 metros del lugar, lo que obligó al agente a alejarse unos minutos.
Aprovechando el momento, el conductor borracho se dio a la fuga, llegó a su
casa, metió el
coche en el garaje, cerró el garaje con llave y le dijo a su mujer que, si alguien preguntaba,
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