Las enfermeras retiran al niño y es allí donde el hombre les pide con su sonrisa estúpida de siempre que le den el permiso para cambiarse de lado, las enfermeras le dan el consentimiento y entonces entra el nuevo compañero de habitación un hombre de unos 65 años más viejo y más sombrío, quien al quedarse solos le dijo a mí no me hables de nada, ni te lamentes por tu enfermedad ni cosas por el estilo no soy paño de lágrimas de nadie, el hombre ni lo miró, sólo tenía cabeza para el parque y los jóvenes ... (ver texto completo)