Lo importante no es escuchar lo que se dice, sino averiguar qué es lo que se piensa.
Una buena conversación debe agotar el tema, no a sus interlocutores.
Conversar es entrar en el surco que ha trazado el otro, y proseguir en el trazo y perfección de aquel surco.
Hay pocos animales más temibles que un hombre comunicativo que no tiene nada que comunicar.
Cuando un hombre está enamorado o endeudado, la ventaja es de alguien más.
Si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo.
Pobre, pero endeudado sólo conmigo mismo.
Es mejor acostarse sin cenar que levantarse con deudas.
Las grandes deudas son un privilegio de la riqueza.
Sólo es justo que se alabe más que a aquel que mucho sabe al que mucho supo hacer.
Yo no creo que las cosas sucedan por accidente; más bien uno se las gana.
A falta de certezas, lo único que nos queda para guiarnos es el instinto.
El que no sabe lo que quiere acaba donde no quiere estar.
Un barco no debería navegar con una sola ancla, ni la vida con una sola esperanza.
Si uno acepta las expectativas de los demás, especialmente las negativas, nunca podrá cambiar el resultado.