# Matar dos águilas con una sola flecha.
# Ser pobre como si hubiera sido lavado.
# El trabajo entero de un año depende de un buen comienzo en primavera.
# Quien un día fue picado por la vibora, siente temor a una soga enroscada durante diez años.
# Una hoja ante los ojos impide ver la montaña Taishan.
Aquella ceremonia fue muy impactante aunque en aquel momento no comprendí la trascendencia de aquella prédica ni aquel extraño rito. Durante días meditaba cada noche en las palabras de mi abuela Mamá Sofía. No recuerdo cuando fue, ni sé si hubo realmente un día concreto, pero gradualmente fui interiorizando aquellas alegorías y fui haciéndolas mías.

Hoy ya no tengo dudas. Hoy sé que aquel día de mi primera comunión, en que sellé mi obligación con la Iglesia, también me inicié en un nuevo y largo ... (ver texto completo)
Y sus tres herramientas debes emplearlas siempre en un sentido alegórico, el metro representa la medida del tiempo, debe enseñarte a tener mesura y repartirlo de un modo armonioso, dedicando una tercera parte del día al trabajo, otra al descanso, para de ese modo poder reponer las fuerzas perdidas y la tercera a servir a la familia y al amigo que esté necesitado. El mazo representa la fuerza de la voluntad que nos hace libres, la debemos emplear para disipar toda aspiración abyecta y todo pensamiento ... (ver texto completo)
Asió con fuerza mis manos, dándole un mayor ceremonial a sus palabras. Me trasmitió el simbolismo del trabajo del picapedrero. Me sugirió que aprendiera, imitando el oficio del cantero, mi oficio de hombre y del mismo modo que el cantero daba forma perfecta a la piedra bruta, yo debía esforzarme en moldear con armonía mi persona.

El cantero - prosiguió - investido con un humilde mandil muestra la grandeza del trabajo. Imitando al Creador, transforma un trozo de roca en un sillar geométrico. El ... (ver texto completo)
Antes de entrar en el cuarto mi abuela me despojó de todos mis objetos metálicos, cegó mis ojos tapándomelos con un lienzo negro, me descalzó el pie izquierdo recogiéndome los pantalones hasta la rodilla y dejó mi pecho al descubierto. Intuí que estaba tratando de darme el aspecto de un indigente. Temí por mi nuevo traje de marinero.

Participé desconcertado en un rito extraño. Arrodillado prometí guardar en secreto cuanto allí ocurrió. Al concluir desveló mis ojos y vi la luz. Entonces pude ver ... (ver texto completo)
Cuando me cansé de contarle mis experiencias, ella me interrogó sobre lo que había percibido observando a Pedro el cantero. Con toda naturalidad le comenté lo que realmente había visto, un hombre que trabajaba tallando sillares, ayudado por sus tres herramientas, un metro con el que medir las dimensiones de cada piedra, un mazo para golpear el cincel y allanar los salientes hasta darle una forma regular a las piedras brutas.

Luego me interrogó sobre las prendas con las que se protegía el cantero. ... (ver texto completo)
No sé cuanto tiempo estuvimos allí sentados, a mí se me hizo eterno. Mi abuela permanecía en silencio mirándome fijamente, cuando distraía mi mirada, ella, con un ligero movimiento de cabeza, me ordenaba continuar en mi papel de atento espectador.

Al rato volvió a colocarse la empanadera sobre su cabeza y proseguimos caminando hacia nuestra casa. Al llegar le ayudé a poner la mesa. Luego comimos. Durante la comida charlamos de mis impresiones de la experiencia vivida durante aquella mañana de ... (ver texto completo)
Cerca ya de nuestra casa vimos a Pedro el cantero, estaba trabajando junto a un pequeño roquedal, tallaba sillares de granito. Mi abuela se sentó en el pretil de una huerta vecina. Con una leve sonrisa saludó al cantero. Él nos dedicó una mirada cómplice y prosiguió con su tarea.

Por la forma en que respiraba, deduje que mi abuela estaba fatigada. Estaba ya muy vieja y estas largas caminatas cargada con la empanada la ahogaban, le faltaba el resuello. Me senté a su lado. Entonces ella me pidió ... (ver texto completo)
Con motivo de aquella efeméride se había desplazado hasta nuestra aldea un fotógrafo. Mi abuela le solicitó que nos hiciera una fotografía a los dos juntos y otra a mí solo. Aquella fue la primera y única vez que me retrataron en la aldea. Aún guardo aquellas descoloridas fotografías en una pequeña cajita, junto con otros recuerdos de mi abuela.

Casi sin darme tiempo a despedirme de mis amigos, mi abuela me ordenó ponernos en camino de vuelta hacía nuestra casa.

Hicimos una primera parada en ... (ver texto completo)
Mi abuela se sentó en uno de los bancos de la parte trasera de la iglesia, recuerdo que cuando me separé de ella para ir a ocupar mi sitio en la primera fila, la miré extrañado. Ella me sonrió y me hizo un gesto con su cabeza indicándome que fuera a ocupar mi puesto y no me preocupara de nada más.

De la ceremonia no recuerdo nada en especial, sé que tuve que recitar una pequeña invocación en voz alta, era una especie de voto de renuncia a Satanás, a sus obras y a sus acciones. Cuando terminó la ... (ver texto completo)
Cuando llegamos a la iglesia deje de pensar en las enseñanzas de mi abuela y en las múltiples contradicciones que inundaban mi adolescente raciocinio.

En la puerta nos esperaba Don Joaquín. Vino directo a saludar afectuosamente a mi abuela. Curiosamente y a pesar de la fama de hereje de mi abuela, Don Joaquín y Mamá Sofía se respetaban profundamente y creo, sin temor a equivocarme, que ambos se tenían una mutua simpatía.

Entramos en la iglesia. El templo estaba abarrotado de gente. Supuse que ... (ver texto completo)