ra una tarde cualquiera en un supermercado de barrio, uno de esos lugares pequeños donde los vecinos se cruzan y se saludan con un “hola” o un “qué tal”. El murmullo de las conversaciones llenaba el aire mientras familias compraban el pan, el aceite o algo para la cena. Revisaba mi lista de compras cuando una voz suave y algo temblorosa me sacó de mis pensamientos.
— Joven, ¿podrías ayudarme a ver la fecha de caducidad de esta margarina? Es que sin mis gafas no consigo leerla, y las he dejado en ... (ver texto completo)
— Joven, ¿podrías ayudarme a ver la fecha de caducidad de esta margarina? Es que sin mis gafas no consigo leerla, y las he dejado en ... (ver texto completo)